Joven Edison sólo tenía dieciséis años cuando decidió abandonar el hogar familiar. Las personas que vivían en lo que ya era demasiado pequeña. Tampoco faltó iniciativa, lanzada en busca de nuevos horizontes. Por suerte, dominar perfectamente la oficina de telégrafos, y la guerra civil había dejado muchas vacantes, así que fue donde estaba, podía encontrar fácilmente el trabajo.

Durante los próximos cinco años Edison llevó una vida errante, de pueblo en pueblo, con empleos ocasionales. Se quedó en la pensión escuálido ganado e invertido todo en la compra de libros y material para experimentar, totalmente sin tener en cuenta su aspecto personal. De Michigan a Ohio, de allí a Indianápolis, luego Cincinnati, Memphis y unos meses más tarde, después de haber pasado por Tennessee.

Su siguiente trabajo fue en Boston, como telegrafista en el turno de noche. Llegó allí en 1868, y poco después de los veinte años podría hacerse con la obra del científico británico Michael Faraday Experimental Investigaciones en Electricidad, cuya lectura le influyó positivamente. Hasta entonces, sólo había ganado la reputación de tener un don mágico que le permitía arreglar fácilmente cualquier aparato dañado. Ahora, Faraday le dio el método para canalizar todo su genio inventivo.Se hizo más ordenado y disciplinado, y desde entonces me metí en el hábito de llevar un cuaderno, siempre listo para anotar cualquier idea o hecho que reclamar su atención.

Convencida de que su meta profesional era la invención, Edison dejó el trabajo y decidió convertirse ocupado inventor independiente, la grabación de su primera patente en 1868 Fue un contador de votos eléctrico ofrecido al Congreso, pero los miembros de la Cámara describió el aparato de superfluo. Inventor estadounidense nunca olvidó esta lección: un invento, por encima de todo, se debe exigir.

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